Muchas, muchas ocasiones se han prestado para llegar a un banquete con un pastel de estos, con ganas de que la novia termine devorada por su propia fantasía o que la mordida no se la den al pastel, sino al revés. Ahora sí estamos de manteles largos, la mesa está llena de jalea, merengue, ojos, dientes y cabezaz, para que termines la fiesta con un postre inolvidable.





