El festival de Coachella es king size en todo sentido: el campo es eterno, la cantidad de bandas, de comida, de distracciones, y por supuesto en la extravagancia de sus visitantes. Es un verdadero freakshow de principio a fin. Comienza con el famoso Carpoolchela, un sorteo para ganar boletos de por vida a través de juntarte con tus amigos y decorar (como quieras, desde rayones fosforescentes hasta discretos letreros) tu coche con esa palabra.



