“¡A platicar a un café!” Así se les dice a alguno que otro confundido que a la mitad de una película o concierto se ponen a platicar de sus vidas. Vaya falta de respeto para los demás, y para los músicos que están haciendo su trabajo. Es una tremenda tristeza que mientras ves a una banda que te gusta cómo toca (y no cómo te hace ver cuando la “escuchas”) hay más de un grupito de “rockers” que se ponen a cotorrear sobre sus vidas, gritando, por supuesto.









