Desde que se anunció el estreno de Alice in Wonderland, dirigida por el gran Tim Burton, los comentarios no se han hecho esperar, algunos para elogiarlo pero la mayoría para reclamar su poca originalidad y falta de sustancia. Por años nos ha regalado pelis llenas de oscuridad, personajes que sólo en su cerebro podrían coexistir, entrañables ambientes e historias jamás vistas o contadas. Pero, tal parece que a últimas fechas pocas pueden llamarse espectaculares.

Nuestro querido Tim se ha convertido en una fábrica de muñequitos de fantasía, sus historias muy predecibles y hasta sus personajes poco empáticos, es decir está padre Johnny Depp pero ¿meterlo en todas las películas? y ¿qué tal a la esposa? Cree que porque Johnny y Helena están greñudos y no se bañan son perfectos para interpretar a todos los personajes principales. A veces hay que dejar descansar al público, por más buenos que sean los actores.

Desde Mars Attacks! que ya no vemos esa genialidad, esa locura que se notaba tan real y enfermiza, la que adorábamos desde que dio vida a Beetlejuice o al Joven manos de tijera. Ahora todo parece un poco más forzado, más en serie, más Hollywood. Sleepy Hollow resultó medio aburrida, El planeta de los simios una reverenda pasada, Big Fish sólo les gustó a los que tenían papás o abuelitos que les contaban cuentos y Corpse Bride fue un mal intento de revivir a Jack Skeleton. Pareciera que con la llegada de los dos miles perdió su tan natural encanto.

Ahora que… también está la otra cara de la moneda. ¿Quién más es capaz de hacer películas como las que hace Burton? Como dicen por ahí, el siempre copiado, jamás igualado. Y sí, por más que nos empeñemos en decir que se vendió a la industria, la verdad es que su trabajo se volvió comercial, pero no ha dejado de ser mejor que el de muchos directores, por lo menos no inventó Avatar. Nadie tiene la misma capacidad para crear personajes y darles una historia, una vida que rebasa la pantalla y que además se conviertan en íconos de sub culturas y comunidades alrededor del mundo. Posee un sentido de la estética muy propio, muy establecido, casi alucinante y tan es así que cuando vemos a algún director imitar su creación automáticamente creemos que Tim está detrás del proyecto, ya sea como productor, director, escritor o jala-cables, así como sucedió con Coraline.

Su visión del mundo es totalmente dark pero al mismo tiempo colorida y por eso es tan fácil identificarse con él, porque hay pa’todos. Y si pusiéramos de ejemplo que en el mundo del metal Ozzy Osbourne es el Príncipe de la Oscuridad, Burton podría ser nombrado con este mismo mote en el mundo del cine.

Sin embargo aquí estamos, a punto de presenciar una de las pelis más esperadas de la cinematografía este año, apoyada en los nuevos avances tecnológicos, en la maravilla de la tercera dimensión y en la recurrente y popular obra de Alicia. Un recurso muy agotado dicen unos, una obra perfecta para que sus manos la llevaran a otro nivel, dicen otros. Lo único cierto es que el 99.9% iremos a verla, porque en el fondo, los que lo amamos lo traicionaríamos si no lo hiciéramos y porque en el fondo guardamos esa ilusión de que esta sea la película que lo redima, que lo regrese al pedestal para callarles la boca los incrédulos, para decir con orgullo que como Burton, no hay y nunca habrá otro igual.










