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Oslo, Noruega.
Caminar por Oslo (al menos por las calles que no son para el turismo) es como caminar en la Condesa pero de primer mundo. Claro que hay hipsters, claro que hay graffiti y orines, pero también hay mucho respeto.
Es una ciudad multicultural: hay turcos, africanos, pocos latinos. Si hay cierto rechazo por un sector de la población hacia la onda ‘inmigrantes’, pero toda esa banda se tuvo que callar cuando ocurrió el bombazo y la matanza de la que todos nos enteramos, porque fue un fanático ultraderechista quien generó todo ese odio y muerte. Los noruegos hablan de eso en voz baja, pero te dicen que han llorado ante las muestras de dolor y solidaridad de toda la población (inmigrantes y no inmigrantes).

Hay perros (nunca solos, nunca sueltos), hay una gran escena skate con muchas chicas involucradas, hay una gran escena world music que se deja sentir en los bares (en la onda grupo de reggae con tintes hindús, pero cantado en español y con un DJ generando beats); Tinariwen va a tocar el 15 de septiembre y TODOS ya quieren estar ahí. Preciosas chicas árabes que nadie voltea a ver ni las molesta a pesar de sus mini mini MINI faldas.
Hay empleos muy entretenidos como ‘titiritero de obras para adultos’, o muy normales como ‘velador por la noche y empleado del sistema de presupuestos para desempleados por la mañana’. Existen un montón de museos y recibes muchas burlas al decir que se te antoja visitar el de las ‘botellas en miniatura’.
Se come alce, a veces. Se come ballena, a veces. Hay controversia entre los que comen ballena y no la comen (discuten); es decir, no todos los noruegos están a favor de matar ballenas. Las salchichas en el bar inglés, ¡¡¡pican, pero pican mal pedo!!!, como si les hubieran puesto chile de árbol, y tal vez lo sea, pero más de la cocina hindú que de la mexicana.

Hay adictas al crack que se las está llevando la chingada en la mañana y gritan y se jalan el cabello. Hay muchas religiones. Excelentes bares temáticos con parafernalia AUTÉNTICA, es decir, en el bar tiki no hay cosas ‘que se parezcan a’ o que ‘simulen ser’. Hay hasta auténticas canoas hawaiianas en el techo, gran colección de vasos tiki, lámparas hechas de peces globo y las paredes son de madera auténtica, palma y bambú. Nadie las rasguña ni las escupe ni se roba nada.
La comunidad mexicana es pequeña, pero si hay mucho cerebro: programadores y arquitectos, por ejemplo. Todos ellos coinciden en algo: te dicen que la situación de México les da mucha tristeza. Y que TODAVÍA tienen familia allá… TODAVÍA.

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